lunes, 27 de septiembre de 2010

LAS REGATAS Y LA PESCA DE LA AGUJA


Frank Correa


Antes de la prohibición de viajes de norteamericanos a Cuba, todos los años se celebraban las regatas en la marina Hemingway, complejo turístico de cuatro canales habilitados para el atraque de barcos enclavado al lado oeste del poblado de Jaimanitas.


No eran solamente norteamericanos quienes participaban en las regatas, un número significativo de turistas procedentes de otros países visitaban la isla por esos días, y la economía jaimanitense cobraba impulso. Los bares El Rumbo, El Dino y el Fotoservice, se llenaban por las noches de extranjeros y las juergas duraban hasta el amanecer.


La economía del pueblo crecía notablemente. Las casas de alquileres se llenaban de huéspedes, los dueños de autos particulares rentaban por la izquierda, los vendedores furtivos de langostas y camarones agotaban sus ofertas, las chicas que salían con extranjeros aseguraban pequeñas fortunas, aparecía una pléyade de limpia autos, recaderos, intérpretes, custodios provisionales, guías turísticos, hasta los policías cobraban peaje por hacer la vista gorda.


En las mañanas se alistaban los barcos de velas a la altura del cuarto canal para el disparo de arrancada. El mar salpicado de colores fosforescentes que brillaban bajo el sol constituía un hermoso espectáculo, los botes atizados por el viento pasaban frente al pueblo en dirección este para girar en las inmediaciones del Club Habana y regresar a la marina, recorriendo este trayecto varias veces. Era una verdadera fiesta del mar que disfrutaban todos los años.


Con el torneo internacional de la pesca de la aguja sucedía algo parecido. Decenas de embarcaciones con banderas de Estados Unidos y otras naciones colmaban los cuatro canales. De noche las tripulaciones se iban hasta el pueblo a beber y conocer Cuba. Muchos matrimonios y amistades imperecederas nacieron al calor de las regatas y el torneo de la pesca de la aguja, que terminó de un plumazo con la suspensión de viajes de norteamericanos a la isla.


Sin la participación del coloso del norte estos eventos náuticos arraigados en la vida del poblado costero de Jaimanitas perdieron interés y el número de participantes de otros países cayó al piso, a tal punto que las regatas fueron suspendidas y el torneo de la pesca de la aguja ha quedado como un certamen de carácter nacional, celebrado en otras dársenas, a veces con algún invitado foráneo que apenas sale del camarote.

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